La semana pasada hice un segundo viaje a Longyearbyen, en Svalbard. Fue un viaje bastante exitoso. Mi colega e investigador anfitrión Dr. Frank Nilsen (en UNIS), su estudiante Eli Anne Ersdal y yo continuamos nuestro análisis de mediciones de presión en el fondo del océano en la costa oeste de Svalbard. Hemos combinado estos datos in situ con los datos obtenidos del satélite GRACE (ve mi entrada no. 5 para recordar detalles de GRACE). Resultados preliminares de nuestro análisis indican que los métodos de procesamiento de datos del satélite han logrado separar los cambios de masa que pertenecen al océano y aquéllos que pertenecen a la tierra en esta region. Es decir, aunque la huella o resolución del satélite es muy grande (aprox. 300km de radio), parece que es posible separar derretimiento de glaciares de Svalbard, y cambios de presión en el océano que rodea el archipiélago.

Los glaciares en Svalbard, al igual que muchos de los glaciares del mundo, se han estado derritiendo muy rápidamente durante las décadas más recientes. Esto quiere decir que la nieve acumulada durante el invierno y primavera no están siendo suficientes para mantener el glaciar en equilibrio. Esto es importante porque el hielo que se derrite de los glaciares termina en el océano, contribuyendo con el tiempo al incremento del nivel del mar. Como oceanóloga, me interesa saber si es posible separar variaciones de gravedad que corresponden a cambios en tierra (que en esta región se deben principalmente al derretimiento de glaciares) de aquéllas que corresponden al océano, pues si la separación de dichas señales (mar y tierra) se logra con exactitud, entonces podemos usar el satélite GRACE para investigar cambios de la circulación océanica de la región. Los cambios de masa (o gravedad) de glaciares son aproximadamente 10 veces más altos que los cambios de masa medidos en el océano, por lo que hasta hace un par de años, la medición de GRACE sobre el glaciar fácilmente contaminaba aquélla sobre el océano.

Como mencioné en mi entrada 3, una de las principales características de la circulación oceánica al oeste de Svalbard es el paso de agua cálida proveniente del Atlántico, que entra al Ártico por el estrecho de Fram. Los mapas de la foto de arriba muestran diferentes aumentos de mi posición en google maps, mientras visitaba Longyearbyen, además de un par de fotos que tomé en la costa cerca de la universidad.  La temperatura del aire era -18oC, y el viento hacía que se sintiera mucho más frío aún (y entonces aprendí a apreciar las temperaturas de arriba de -10oC que estábamos teniendo en Tromsø de enero a marzo). Pero aún con este frío, la superficie del océano no estaba congelada (excepto en la costa de muy baja profundidad). El agua del Atlántico ha mantenido esta región prácticamente libre de hielo marino incluso durante el invierno (claro, esto no significa que no hay osos polares en la región… los osos se encuentran en todo Svalbard, aunque cuando alguno llega a acercarse mucho a Longyearbyen, se le asusta antes para que no entre a la ciudad).

A pesar de sus -18oC, Longyearbyen tenía aún muy poca nieve en el suelo. Eso sí, no puedo quejarme de lo soleado que estuvieron los días que estuve ahí. Aunque el sol no calienta nada, hace que los panoramas se vean más impresionantes de lo que ya son. Mientras tanto, Tromsø finalmente empezaba a recibir su tan esperada dote anual de nieve (en mi siguiente entrada escribiré más de la nieve total que recibimos este invierno en Tromsø).

Muchas gracias de nuevo a Frank por su apoyo y colaboración, y a Greg por quedarse con Evan en Tromsø durante los 5 días que estuve trabajando en Longyearbyen.