La semana pasada hice un viaje de 6 días a Longyearbyen, para trabajar con colegas oceanógrafos del Centro Universitario de Svalbard (UNIS, por sus siglas en inglés). Longyearbyen, 78oN, con aprox. 2000 habitantes, es la ciudad más grande del Archipiélago de Svalbard. He estado ahí varias veces durante primavera, verano e incluso otoño, pero nunca durante el invierno con 24 hrs de noche (la noche polar). Afortunadamente (para mí, no para los efectos de calentamiento de cambio climático que ya afectan esta región) me tocó un clima muy noble entre -8 y -2 grados Celsius, sin viento o nevadas. De hecho había más nieve en Tromsø que en Longyearbyen (ahora pongo más atención a estos detalles climáticos).

Mi colaboración en UNIS, principalmente con mi investigador anfitrión, Frank Nilsen, y su estudiante de doctorado, Eli Anne Ersdal, fue muy exitosa. Esta colaboración ha dado base para utilizar datos de presión al fondo del océano del satélite GRACE (ve mi entrada 5 en este blog para recordar detalles acerca de GRACE) y de sensores de presión instalados al oeste de Svalbard, con el objetivo de investigar dinámicas de la circulación del océano y su variabilidad en la región. Continuaremos con esta investigación mientras estoy en Tromsø, y planearé una segunda visita a UNIS en marzo del 2018.

Durante mi estancia en Longyearbyen también tuve la oportunidad de participar en  algunas de las actividades de la comunidad organizadas durante el invierno. Fui al concierto de Navidad en la iglesia de la ciudad, en el que muchos artistas locales, niños y adultos, cantaron villancicos en noruego la mayoría, pero también algunos en inglés e incluso en otros idiomas, dependiendo del país de origen de algunos de ellos (e.g., Japón y Ukrania, por citar algunos). También tuve el gusto de acompañar a Frank y a su familia a una cena de Navidad en uno de los restaurantes de la ciudad, en el Hotel Radisson. Ordené “lutefisk”, que es un platillo tradicional noruego que dependiendo de cómo se prepare y cocine el bacalao, la consistencia final puede variar y llegar a convertirse en un excelente platillo, o en una masa insípida de pescado gelatinosa que sólo puede ser salvada por el tocino que se le agrega encima – o al menos eso me cuenta mucha gente que lo ha probado (algunos detalles de lo que es el lutefisk, cómo se prepara y cómo se convirtió en tradición noruega se pueden encontrar aquí). El lutefisk que comí me pareció excelente. Aunque creo que no volveré a ordenarlo en ningún otro lugar de Noruega porque si lo hago, corro el gran riesgo de borrar esta memoria de delicia culinaria tradicional noruega.

Por último, también fui a ver Star Wars VIII en 3D al cinema de la ciudad, el cinema más al norte del mundo, aunque estando en Svalbard, la mayor parte de las cosas o lugares seguramente pueden recibir el título de “más al norte del mundo”: Universidad, Iglesia, cinema, cervecería, etc.  En fin, fue un viaje excelente, gracias a mis colegas de UNIS, a la Fundación Fulbright de Noruega y Estados Unidos, y desde luego a Greg, quien se quedó con Evan en Tromsø.

¡Feliz Navidad y Año Nuevo!