Existen muchos aspectos sociales de la vida en Tromsø que no pueden pasar desapercibidos, sobre todo después de haber vivido en Seattle y en la Ciudad de México.  En Tromsø, por ejemplo, la gente parece no estresarse nunca; su equilibrio entre trabajo y vida es admirable y en general la gente confía en la gente. La ciudad es chica, tiene aproximadamente 75,000 habitantes (comparando con Seattle de aprox. 670,000 habitantes (3.5 millones incluyendo área metropolitana); con la ciudad de México de aprox. 9 millones (21 millones); y con Ensenada, B.C., de aprox. 520,000 habitantes), es tolerante con las bicis, el nivel de crimen es mínimo, la gente en general tiene buena salud y es físicamente activa.

Pero sin duda el aspecto más sobresaliente y que continúa impresionándome día con día es la facilidad de vivir aquí con un bebé o niño pequeño como Evan. Tanto el tiempo como la atención dedicada a la familia son completamente esperados y respetados, y ni trabajo ni otras situaciones interfieren. Y no estoy hablando de los beneficios admirables de incapacidad por maternidad y paternidad que se ofrecen aquí (y como sabemos muy bien, estos beneficios son inexistentes o excesivamente limitados tanto en México como en Estados Unidos). Me refiero más al acceso garantizado que existe de servicio de guardería asequible y de calidad, y lo fácil que es obtener este servicio. Siguiendo sus reglas simples, y sin mayor esfuerzo o estrés, nos ofrecieron un lugar para Evan en el barnehagen No. 1 de nuestra lista de cuatro opciones que se piden en la solicitud, y esta plaza fue garantizada incluso antes de solicitar nuestro permiso de residencia, y mucho antes también de encontrar un lugar para vivir – definitivamente, al menos en Seattle, esta facilidad sólo la podemos soñar. Además, debido a que el sistema educativo en Noruega es mayoritariamente subsidiado por el gobierno (los impuestos de la gente), los barnehagen, ya sean privados o públicos, tienen un máximo costo definido anualmente por el gobierno. Si este no fuera el caso, y el costo de la guardería fuere similar al de Seattle, nuestra decisión de aceptar la beca y mudarnos a Tromosø habría estado en juego.

El barnehagen de Evan nos encantó desde que inició, que fue una semana después de nuestra llegada a Tromsø. Al principio hay un periodo de transición para cada niño: el primer día, con papá o mamá presente, el pequeño sólamente atiende por una hora; el segundo día, 2-4 horas; el tercer día hasta 6 horas; tiempo completo (sin papás presentes) inicia del cuarto día en adelante. Afortunadamente Evan no tuvo ningún problema ajustándose al lugar. Además, gracias a la directora de nuestro barnehagen, a Evan lo pusieron en un grupo de 10 niños de 1 a 3 años de edad en el cual, de las tres maestras noruegas, una habla español como lengua materna, y las otras dos hablan un inglés excelente. Es decir, Evan ha tenido a su disposición ayuda con el lenguaje, al menos como transición al inicio (si es que lo ha necesitado). El barnehagen provee alimentos para los niños, y las maestras nos dan instrucciones claras de la ropa apropiada, requerida para combatir el clima. Los niños pasan la mayor parte del tiempo afuera, sean cuales sean las condiciones afuera. Algunas de las actividades de este barnehagen padres y poco comunes (al menos en las guarderías que he conocido en Seattle) incluyen cosecha de vegetales, abundantes salidas de campo a los parques y bosques de la región, y simulacros de incendio (foto arriba).

Áreas verdes y parques con juegos abundan en la ciudad, y durante los fines de semana, las áreas de juegos exteriores de todos los barnehagen son accesibles al público. Nosotros hemos hecho uso de muchos de ellos, prácticamente cada fin de semana si estamos en la ciudad.

Transporte con Evan también ha sido muy fácil (al menos en esta temporada iniciando el otoño). Un amigo y colega del instituto nos prestó una buena bicicleta vieja suya y otra de su esposa, para usarlas durante nuestra estancia aquí. Ponemos el remolque (chariot) de Evan para la bici en cualquiera de nuestra bicis, con forme sea necesario (foto arriba). Y tal como la mayoría de las ciudades de costa oeste, Tromsø tiene muchos cerros muy empinados. Pero no importa mucho porque al menos las distancias son en general muy cortas (foto de la isla arriba). Además de ser una ciudad segura para transportarse en bicicleta, existen muchas veredas exclusivas para bicis (y para esquiar), que son mucho más seguras y divertidas para transportar a Evan de un lado a otro.

Estoy segura de que al volver a Seattle voy a extrañar muchísimo este conjunto de facilidades para vivir y acarrear con niño pequeño, por lo que voy a continuar apreciando y disfrutando cada oportunidad e instante de ir y venir con él durante nuestra estancia aquí.